Toco a la puerta. Apareces. Sí, te recordaba. Bebo tu mirada sobre mis ojos, te abrazo. Haces preguntas, te callo. Después, te digo.
Caminamos un rato, comemos algo por ahi y hablamos para reconocernos, para buscar nuestro origen, el lugar donde partimos, para recuperar nuestros nombres y nuestro lugar en el juego.
En el restorán tomas mis manos por debajo de la mesa. Nuestras rodillas se buscan como seres ciegos. Mis ojos brillan en los tuyos. Casi no tocamos la comida. Bebemos, eso si, para aumentar la embriaguez de estar juntos, para extremar la alegría, para que no importen las miradas ajenas.
Mas tarde caminamos por aquella plaza, el viento acariciaba nuestros rostros mientras el rocio besaba nuestros pies descalzos. Nos sentamos en aquel borde de piedra, donde me hablabas, donde me besabas mil veces, entre palabras.
Nos perdimos en la oscuridad de la noche para dejarnos estar, así, como estamos ahora. Juego con tu pelo, trazo caminos en tu piel.
El tiempo apura la noche. Bajo las sabanas detenemos la marcha del mundo. Nos abrazamos para no perdernos, para encontrarnos en la desesperación de no saber que hacer con nuestros cuerpos.
Sabemos que un día más es un día menos. Mañana ya me voy, no te hablo, pero sabes que he llorado. De regreso en mi casa me siento torpe, inútil, sin poder hacer nada con mis manos. Casi corriendo nos volvemos a reencontrar en aquella calle que tantas veces nos cobijó después de la primera lluvia. Me abrazaste con desesperación sin importar que nos vieran, que se entrometieran en nuestro abrazo, en ese miedo de no saber cómo permanecer así, juntos.
Reímos, lloramos. Hicimos todo lo que dos personas pueden hacerse el uno al otro. Nos separamos en medio de tanto SILENCIO, que cuando llegue a mi casa era todo grito, no dije nada, escribí, guarde mis cosas y volví a salir.
Una vez junto a aquel lugar el viento nos envolvió. Parece que nos esperaba, te dije.
Caminamos un rato, comemos algo por ahi y hablamos para reconocernos, para buscar nuestro origen, el lugar donde partimos, para recuperar nuestros nombres y nuestro lugar en el juego.
En el restorán tomas mis manos por debajo de la mesa. Nuestras rodillas se buscan como seres ciegos. Mis ojos brillan en los tuyos. Casi no tocamos la comida. Bebemos, eso si, para aumentar la embriaguez de estar juntos, para extremar la alegría, para que no importen las miradas ajenas.
Mas tarde caminamos por aquella plaza, el viento acariciaba nuestros rostros mientras el rocio besaba nuestros pies descalzos. Nos sentamos en aquel borde de piedra, donde me hablabas, donde me besabas mil veces, entre palabras.
Nos perdimos en la oscuridad de la noche para dejarnos estar, así, como estamos ahora. Juego con tu pelo, trazo caminos en tu piel.
El tiempo apura la noche. Bajo las sabanas detenemos la marcha del mundo. Nos abrazamos para no perdernos, para encontrarnos en la desesperación de no saber que hacer con nuestros cuerpos.
Sabemos que un día más es un día menos. Mañana ya me voy, no te hablo, pero sabes que he llorado. De regreso en mi casa me siento torpe, inútil, sin poder hacer nada con mis manos. Casi corriendo nos volvemos a reencontrar en aquella calle que tantas veces nos cobijó después de la primera lluvia. Me abrazaste con desesperación sin importar que nos vieran, que se entrometieran en nuestro abrazo, en ese miedo de no saber cómo permanecer así, juntos.
Reímos, lloramos. Hicimos todo lo que dos personas pueden hacerse el uno al otro. Nos separamos en medio de tanto SILENCIO, que cuando llegue a mi casa era todo grito, no dije nada, escribí, guarde mis cosas y volví a salir.
Una vez junto a aquel lugar el viento nos envolvió. Parece que nos esperaba, te dije.
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